
Ella prometió amar siempre, sentirlo, a pesar de todo. En sus manos escurría el rocío de aquellas primeras noches corriendo las bases. El coche nuevo, las cenas familiares. Ella nunca dijo que su hermana estaba loca, porque a pesar de todo envidiaba el descaro de esa chica que borracha bajo la manta junto al fuego, se entretenía mirando todas las manos que quisieran tocarla. Pero ella siempre fue prudente, hasta esa noche en la bañera o esa otra en la fiesta pegada al coche. También era Electra buscando protección en los brazos más musculosos de todo el condado y era una serpiente buscando una piel nueva en medio del desierto. Y se dio cuenta de que el amor no eran las palabras, que el amor no era el asiento de atrás de un coche, aunque quería creerlo . Y después lo dibujó como pudo dentro de una casa en medio de ningún lugar. Y después se preguntó cómo era posible guardar tanto dolor en un corazón tan pequeño.

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