martes 20 de julio de 2010

Killing me softly


Un lugar de ensueño, un lugar que tiene vistas al agua azul, a los peces rojos y al sol dorado de un atardecer de julio. Un lugar sin ruidos, sin asfalto ni miedo. Gente amable, esta es su casa, y yo quiero que sea la mía. Los hombres tienen un aspecto cuidado y tibio, parecen hechos de marfil y corazón de bizcocho. Las mujeres son atentas y discretas, sonríen, disfrutan de su sitio. Hay otras que son más refinadas, son las que te gustaría presentar a tus padres, pero la noche las transforma y se convierten en caricaturas de mujeres que son ellas mismas, son ellas mismas por la noche como otras pero siendo ellas. Creo que es un lugar para mí, no conozco a nadie, (y lo mejor) nadie me conoce.

2 cosas:

la chica de las biscotelas dijo...

Las mujeres son atentas y discretas, sonríen, disfrutan de su sitio...

y que importante es tenerlo, aunque sea para des-sentirlo!

Caín dijo...

"No he aprendido a sufrir, toda severidad es inhumana"
Juan Carlos Mestre

Luz de un quinquet
9 pintas, 29 latidos, Gillespie,
madrugada, ganas de hablar.
La generación del 77 íbamos a cambiar el mundo en el fututo
pero los electrodomésticos siguen funcionando en el 2007,
como siempre…
Me pregunto:
Por qué un intermitente puede llevarme a la lágrima, de vasta emoción, por qué siento que me responde, cuando se ilumina su automática luz naranja, y que no estoy solo, que somos dos, objetos comunicándose, que la máquina pretende mi atención, sabiendo antes de que se ilumine sin embargo apenas un segundo antes que así será…
No lo entiendo:
Por qué ladra el borracho a los coches que pasan a su lado.
Es de noche.
Hace frío.
Mientras, la gente ahí afuera insiste, empujando sus pesadas rocas, hacia la pirámide.
En las paredes de mi casa se pudre la luz de ayer por la mañana.
Y yo sigo de pie junto a la ventana, sin tomar ninguna decisión.
Podría quedarme a vivir dentro de esta canción.
A night in Tunisia.
Pienso que:
La oportunidad debe ir acompañada de destreza…
Todos los muebles de casa me observan con rostro de preocupación.
No quiero pensar,
para no atraer su atención, con el ruido de mi cabeza.
Un automóvil ha atropellado al borracho, se apagó el ruido y la furia.
Está muerto, pero no siento lástima.
Tampoco sé qué significa eso realmente, si es salvaje, inhumano o inmoral,
pero es cierto.
Y mientras, la gente ahí afuera no deja de insistir, empujando sus rocas.
Me pregunto:
Debe haber algún motivo por el que todo haya adquirido esta forma,
esta forma de costumbre, en que amanece como una herida sin importancia.
Ya no recuerdo qué clase de paciencia me trajo a este lugar...